Encuentros interculturales: conversaciones invaluables
Las siguientes entrevistas forman parte de mi proceso de inmersión cultural y fueron realizadas durante mi estancia en México. Ambos encuentros surgieron de manera espontánea, a partir de conversaciones cotidianas que se transformaron en espacios de escucha y reflexión.
Por razones de privacidad, las personas entrevistadas prefirieron no ser grabadas en video, por lo que opté por tomar notas y registrar únicamente el audio, con su consentimiento. Posteriormente, elaboré la transcripción fiel de las conversaciones, conservando el tono natural, coloquial y las pausas propias del habla mexicana.
Cada entrevista representa una mirada distinta sobre la realidad social y emocional del México actual: Sofía, una joven estudiante de preparatoria, y Sandra, una mujer de 68 años dedicada al arte y la pintura. A través de sus voces, busco tender puentes entre las historias literarias del Bloque A y las experiencias reales que dan vida a esas narrativas.
Al final de cada entrevista incluyo una breve reflexión personal, donde analizo lo que cada diálogo me aportó desde una perspectiva intercultural, emocional y docente.
"Escuchar al otro también es una forma de leerse a una misma."
Entrevista 1 — Sofía, 17 años (Guadalajara)
(Inspirada en la obra Campos de fresas, de Jordi Sierra i Fabra)
Contexto del encuentro:
Le había contado a mi sobrino sobre este proyecto de Inmersión y le pregunté si conocía a alguien de su edad que quisiera platicar conmigo sobre temas actuales entre los jóvenes. Me presentó a Sofía, su compañera de prepa. Quedamos de vernos en el Starbucks de Andares. Ella me pidió que solo grabara el audio, sin video, porque no le latía aparecer en cámara, y por supuesto lo respeté. Así que, entre el ruido de las tazas y el olor a café, empezamos una charla informal, pero muy sincera.
Gabriela (G): Estábamos caminando por la plaza y comenzamos a platicar sobre la música que escuchan los jóvenes ahora. Me dio curiosidad saber más, así que te pregunto: ¿cómo es ser adolescente hoy en México?
Sofía (S): Uy, está cañón. O sea, siento que tenemos más libertad, pero también más presión. Todo pasa en el teléfono, me entiendes... los amigos, las clases, las fotos, todo. Si no subes algo, como que no existes.
G: Justo eso me llama la atención. Cuando yo tenía tu edad, hace más de veinte años, casi nadie tenía celular y las redes eran súper básicas. A veces pienso que debía ser más tranquilo... ¿Alguna vez te gustaría no tener tanto acceso a todo eso, o prefieres que exista?
S: (Hace una pausa, piensa) Mmm… híjole, depende del día. A veces me encanta porque puedo hablar con mis amigas todo el tiempo, ver cosas que me inspiran. Pero también me cansa. Siento que todo el mundo está compitiendo por verse bien o tener la vida perfecta. Y si no posteas nada, la gente te pregunta si estás bien. Es como raro, ¿no?
G: Sí, totalmente. En Campos de fresas hay una chica que toma una decisión muy impulsiva por la presión de los demás. Me hizo pensar en cómo el entorno influye, aunque uno crea que no. ¿Sientes tú esa presión?
S: Sí, un montón. O sea, no por drogas o cosas así, pero sí por encajar. Que si no usas cierta ropa, si no te arreglas, si no sigues las modas... te sientes fuera. TikTok, Instagram, todo eso. A veces pienso que estaría padre tener solo a mis amigos de verdad, sin tanta pantalla de por medio.
G: (Asiente) Y si pudieras dar un consejo a alguien más joven, ¿qué le dirías?
S: Que no se compare tanto. Que las redes no son la vida real. Nadie sube cuando llora, ¿me entiendes? Todos queremos vernos felices, pero eso no siempre pasa.
G: Me encanta cómo lo dices, Sofía. Creo que muchos adultos también necesitamos escucharlo.
S: (se ríe) Sí, a veces ustedes también se clavan con las redes, ¿eh?
G:Tienes toda la razón. Gracias por compartirlo conmigo. Creo que lo que dices vale más que mil "likes".
G: Pues te agradezco muchísimo que te hayas tomado el tiempo, ¿te late si vamos las tiendas y seguimos platicando?
S: (se ríe) ok va! me late
Reflexión breve:
La voz de Sofía me recordó que la juventud mexicana (y no solo la mexicana) actual vive entre la inmediatez digital y la necesidad de conexión real. Escucharla me ayudó a entender que la identidad se construye hoy entre pantallas, emociones y presiones colectivas.
Desde una mirada intercultural, percibí cómo cambian los valores generacionales: antes la intimidad se cuidaba, ahora se comparte. Como docente, este diálogo me hizo pensar en la importancia de crear espacios donde los estudiantes puedan reflexionar críticamente sobre las redes, sin juzgarlas, pero aprendiendo a usarlas con conciencia y equilibrio.
Entrevista 2 — Sandra, 68 años (Guadalajara)
(Inspirada en la obra Como agua para chocolate, de Laura Esquivel)
Contexto del encuentro:
Conocí a Sandra a través de una amiga de mi familia. Ella es pintora y amante de la decoración. Cuando le conté sobre mi proyecto, accedió a conversar conmigo una tarde en su casa, rodeada de cuadros, pinceles y plantas. Es una mujer reservada, pero con una serenidad que transmite sabiduría.
Gabriela (G): Sandra, me contabas hace rato que te gusta mucho pintar. ¿Qué encuentras en la pintura que no encuentras en otras cosas?
Sandra (S): (Sonríe) Pues… paz. Pinto para estar conmigo misma. A veces no sé cómo decir lo que siento, pero el color sí lo dice por mí.
G: Qué bonito. Eso me hace pensar en Como agua para chocolate, ¿la conoces?
S: Claro, la leí hace años. Me encantaba cómo Tita ponía todo su sentimiento en la comida. Creo que eso pasa también con el arte, ¿no? Cuando haces algo con amor, se nota.
G: Totalmente. En la novela, Tita no podía decidir sobre su vida, pero encontraba libertad en la cocina. Tú, ¿sientes que las mujeres de tu generación tuvieron esa misma limitación?
S: (Hace una pausa larga) Sí… en muchas cosas. Antes las mujeres se casaban jóvenes, seguían las reglas sin preguntar. No había tantas opciones. A mí me tocó vivir el cambio poquito a poquito. Y me alegra ver que ahora las chicas estudian, viajan, se preparan. Antes eso era más difícil.
G: ¿Y te hubiera gustado vivir en una época como esta?
S: Pues mira, cada tiempo tiene lo suyo. Pero sí, me da gusto ver cómo las mujeres de ahora ya no tienen que pedir permiso para soñar. (Ríe con ternura) Osea, todavía falta, pero ahí vamos.
G: Me encanta cómo lo dices. ¿Crees que el arte puede ayudar a que las personas entiendan esas transformaciones?
S: Sí, claro. El arte y la literatura nos hacen pensar sin que nos regañen. Yo creo que cuando ves un cuadro o lees una historia, algo se te mueve adentro, aunque no lo digas en voz alta.
G: (Sonríe) Eso mismo me pasa cuando enseño. A veces un una novela hasta gráfica despiertan más reflexión que cualquier clase teórica.
S: Exacto. No hay que dar tantas explicaciones: el sentimiento ya enseña solo.
(Se queda un momento en silencio, mirando un cuadro con tonos azules.)
G: Gracias, Sandra. Me quedo con esa frase tuya: "el sentimiento enseña solo".
S: (Ríe) Pues apúntala, antes de que se me olvide.
Le agradecí por su tiempo y seguimos tomando algo juntas y platicando.
Reflexión breve:
La voz de Sandra me recordó a Tita: una mujer que transforma la emoción en arte. Su historia encarna el cambio generacional de muchas mexicanas que pasaron del deber al deseo, de la obediencia a la creación. Escucharla me hizo comprender que la educación intercultural también implica reconocer las memorias y silencios de las generaciones anteriores.
Como docente, este encuentro me recordó que enseñar también puede ser un acto de cuidado y escucha: dar espacio a las emociones y al arte como formas de resistencia y aprendizaje compartido.
"Estos encuentros me recordaron que la interculturalidad no se enseña: se vive, se escucha y se comparte en cada conversación significativa."